Seth. Sobre la persistencia

Ventiladores Clyde es un relato melancólico de un tiempo pasado que creímos mejor. El dibujante canadiense Seth trabajó durante 20 años en este clásico contemporáneo, traducido recientemente al español. Un cómic que refleja con maestría las emociones de un comercial jubilado, Abe Matchcard, recordando los días de gloria de su empresa de ventiladores, junto con su hermano Simon. Según palabras del autor: «Me interesa más el ambiente que el argumento». En el formato gráfico consigue captar el estado de ánimo de dos personajes memorables.

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Sobre la perseverancia como factor diferencial.

 

Un comercial irrumpe en la oficina de un atareado ejecutivo, obviando a una secretaria aturdida. «¿Le gustaría comprar unas corbatas preciosas, caballero?», dice. «Lo siento pero no necesito más corbatas», responde, perplejo, el empresario. El comercial sigue con su discurso: «Pura seda, son piezas de altísima calidad». «¡Que no quiero corbatas! ¡Márchese!», grita el empresario. Y el comercial continúa: «Deje que le hable de…», pero antes de que pueda acabar el empresario lo agarra y lo echa. El maletín de muestras sale volando tras él. El comercial se levanta, se recompone y recoge las muestras. «Bueno ahora que ya hemos sacado el mal carácter, ¿querría comprarme una corbata?» Un chiste viejo. Y sí, bastante malo. Aunque en el fondo encierra sabiduría. Persistencia. Es una herramienta clave para todo comercial. No me refiero a que haya que ser un pesado como el del chiste, pero sí que hay que tener estómago para enfrentarse al desinterés más absoluto y con mucha persistencia y algo de inteligencia convertirlo en un triunfo.

 

Sobre la no obligación de escucharte, una lección ignorada en las escuelas de negocio.

 

Repasé mi discurso. Creía haberlo hecho todo bien. Había sido educado, tenía un producto de calidad y había seguido las normas para iniciar una conversación y llevarla a buen puerto. Y aún así no había cerrado ventas. Cuanto más pensaba en ello, más inútil me parecía todo. Había soltado un discurso de profesional, sí… pero, por Dios, con ese discurso a mí tampoco me habrían vendido nada. Y menos si ya tuviese productos similares que se vendiesen bien. Necesitaba algo nuevo. Tenía que contarle algo que le interesara escuchar. Así que me senté y me dispuse a preparar un discurso que siguiera la primera regla en ventas: captar la atención. Saber captar la atención de un comprador es un don. Tienes que hacer algo más que limitarte a entrar por la puerta y decir: «Hola señor Blank, soy Abraham Matchcard y represento a Ventiladores Clyde Asociados». Y yo debía saberlo: era precisamente eso lo que había hecho el día anterior. Según muchos comerciales, con un cumplido siempre se logra captar la atención. Y quizá sea verdad… la gente puede ser muy vanidosa y estúpida. Pero a mí nunca me ha gustado ser falso. Otro clásico es generar sorpresa con un chiste o una ofensa. Pero a mí siempre me ha parecido algo fácil y arriesgado. Lo mismo despiertas el interés del comprador, o lo mismo le espantas. Yo opté por un método mucho más directo. Regresé sin más a esas tiendas y empecé: «Señor Blank, ya me ha dicho que no, así que no espero que me compre ningún ventilador pero, ¿sabía que conmigo obtendrá 20 céntimos más de beneficio por ventilador que con la competencia?» Me había parado a hacer las cuentas y por fin tenía algo que decir que un empresario quisiera escuchar. Me había eliminado de la ecuación. Como ya no tenían la obligación de comprarle nada al comercial, estaban dispuestos a escuchar lo que iba a decirles. Y me escucharon. Fui sincero. Teníamos ventiladores de mucha calidad, quizá mejores que los de Westinghouse o General Electric. Ofrecíamos mejores precios y lo más importante, al ser una empresa local, nuestro servicio de mantenimiento era más rápido y accesible, cosa igual de crucial para un distribuidor que los beneficios. Les hice una demostración rápida y eficaz. Les ofrecí los datos de clientes satisfechos y, punto importantísimo, no les robé más de diez minutos. Cuando me fui de la ciudad había vendido en 22 de las 35 tiendas. Un detalle curioso: pocos compradores me reconocieron, y eso que había estado en sus tiendas el día anterior. No les había dicho nada que les interesase lo suficiente para recordarme. Es una lección que nunca he olvidado.

 

Sobre el interés genuino en solucionar un problema del cliente: «No es tanto que quiera vendértelo para ganar dinero, es que sé que tu vida será mejor con mi producto y quiero que tú también lo sepas».

 

Me gustaba observar a los comerciales de verdad: los viajantes de antaño. Se aprendía mucho de ellos. Esos tipos tenían encanto de sobra. Repetían mucho que la sinceridad vende… y que si sabes fingirla lo tienes todo hecho. Es la sinceridad, sí, sumada a la inteligencia y a cierto carisma lo que hace de alguien un buen comercial. Gente con la que es interesante hablar. Es fácil encontrar a charlatanes extrovertidos que van sobrados, con su libro de chistes y mucha labia. De esos hay a patadas. Pero el mejor comercial suele ser un tipo demasiado listo para hacer ese trabajo. ¿Qué fue lo que me impidió convertirme en un buen comercial? Muy fácil: la gente no me gustaba lo suficiente.

 

Sobre la mala praxis de algunos vendedores, una estrategia perdedora.

 

En aquella época se llevaba la venta agresiva. Lo que importaba era vender. Daba igual que estuvieras vendiéndole a un hombre algo que no necesitaba. Ni siquiera importaba que no volvieses a venderle nada a ese tipo. Por entonces, los comerciales tiraban de trucos, como meter el sombrero del cliente en un cajón para que no le fuese fácil irse de la oficina. Llevaban la estilográfica fuera para no espantar a ningún comprador al sacarla del bolsillo de la chaqueta. ¡Incluso se ponían a rellenar el pedido mientras hablaban! Presión, presión, presión. Nunca me ha gustado mucho esa manera de hacer. Y sí, he contratado a comerciales agresivos… pero, a largo plazo, ese modelo de venta no tiene nada bueno. Por cursi que suene, hay que crear una buena relación comercial, hay que vender según las necesidades del cliente. Se necesitan pedidos que se renueven. De ahí sale el dinero. No de la venta rápida.

 

Sobre las cualidades imprescindibles de todo buen comercial.

 

No hay que balbucear cuando llega el final. Los compradores odian al comercial arrogante que da mucho por sentado pero tampoco simpatizan con un Don Nervios. Evita irte por las ramas como un chaval en la edad del pavo pidiendo una cita. Mantén la calma, muestra confianza, sé escueto. Que el cliente esté cómodo. No cambies de actitud en el cierre. Nada espanta más a un comprador que un comercial que se convierte en un buitre en los últimos minutos del discurso. Una buena venta es como una maniobra militar: analizada, estudiada, y aún así espontánea. Y cuando te hagas una pregunta, más vale que sepas la respuesta. Admitir que desconoces tu producto equivale a perder una venta. Aunque tampoco hay que confundir al comprador con demasiada información: puedes hablar de más sobre el producto, pero no saber de más sobre él. Cuenta lo que quieras sobre aerodinámica o cubiertas de motores… pero eso no suele vender. Y no olvides decir que refrescan. Nunca critiques a la competencia ante el cliente, tampoco la alabes: simplemente no te molestes en mencionarla. Ese era uno de mis fallos. Parecía que pasaba más tiempo hablando de aires acondicionados que de mis propios productos. Simon me dijo una vez que con la boca abierta no se aprende nada. Quizá tuviera algo de razón. Incluso en las ventas, el silencio puede ser oro. Pongamos que estás metido en tu discurso y un cliente empieza a darte la razón… deja de hablar y dale vía libre. Si te hace una pregunta, responde y cállate. No te pongas a hablar de cosas que no te haya preguntado. Y si dice que un producto le va bien, silencio. Está vendido. Cerrar la boca puede ser un buen consejo. Sin embargo, es un problema dejar silencios que permitan al cliente decir ‘no’. Cuesta remontar un ‘no’ antes siquiera de haber pedido el ‘sí’. Ante un ‘no’ hay que intentar reducir los motivos del cliente a una sola objeción. Y si superas esa objeción, ya es tuyo. Es un truco algo sucio. El cliente ya habrá afirmado que solo hay una cosa que le impida hacer el pedido. Y llegado ese punto, tendría que ser muy terco para buscarse otro motivo para no comprar.

 

Sobre los cinco pasos para completar una venta.

 

Número uno: atención.
Tienes que captar la atención del comprador, o no llegarás ni a soltar el discurso. 

Número dos: interés.
Ahora debes mantener despierto el interés del cliente para promocionar tu producto.

Número tres: convicción.
Tienes que demostrar que crees de verdad en tu discurso… y transmitir esa convicción a tu cliente.

Número cuatro: deseo.
El cliente está interesado y cree que tienes un buen producto. Ahora debe quererlo.

Número cinco y último: el cierre.
Después de todo eso, ¿puedes hacer que firme la orden de compra?


La mayoría de los comerciales dan con facilidad los primeros cuatro pasos. Es en el quinto en el que suelen tropezar. Si existe un aspecto de las ventas que he analizado con detenimiento es el cierre. Y como apunté antes, hay mucho que decir al respecto.
El arte de vender es el arte de cerrar una venta. En la vida, para conseguir algo tienes que pedirlo. Y por el amor de Dios: en cuanto tengas la firma, vete. No sé cuántos contratos se han perdido por quedarse uno a charlar un rato. Al cliente no hay que darle tiempo para que se replantee su decisión. Incluso con un buen producto. Mejor no estar ahí cuando empiece a inquietarse.


Mark McCormack. Sobre el marketing

El MBA de Harvard es uno de los posgrados de mayor prestigio. Mark McCormack, sin embargo, no compra el conocimiento que allí se imparte. Según el autor, por mucho método patentado nadie puede enseñarte, desde una aula, a gestionar una firma. Los negocios, así como la vida, están formados por un conjunto de experiencias. McCormack escribió What they don’t teach you at Harvard Business School, sin traducción al español, con la intención de transmitir unos principios prácticos en la dirección de su empresa. Son consejos street-smart, por intuición, difíciles de implementar pero de gran interés. Si después de la lección de McCormack te quedas con ganas de ver qué se da en Harvard siempre puedes comprarte el libro What they teach you at Harvard Business School. Ahorrándote, eso sí, los 80.000 euros que cuesta el programa.

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Sobre la persistencia de los niños, habilidad que uno olvida con los años.

 

La mayoría de las personas, creo, nacen vendedoras. En la escuela, vendemos a los compañeros para que nos acepten y a los profesores para que nos otorguen notas. Intentamos convencer a los padres para regresar tarde a casa. Inconscientemente utilizamos todas las estratagemas del comercial: persuasión, negociación y la táctica definitiva del adolescente—nunca aceptar un no por respuesta. Antes de salir al mercado hemos aprendido a posicionarnos para obtener lo que queremos, a comercializar nuestras habilidades y a vendernos para la entrevista. Entonces algo insólito ocurre: olvidamos cómo hacerlo. El arte de la venta es la práctica consciente de aquello que ya sabemos de forma inconsciente—porque llevamos media vida haciéndolo.

 

Sobre aquello que Dale Carnegie llama showmanship y que nosotros llamaremos teatralidad.

 

El punto principal de leer a la gente, calcular su ego y encontrar puntos débiles es el de utilizar esa información a tu favor—exponiendo aquello que conoces al estímulo correcto. Durante años había intentado convencer al jefe de Rolex de construir un reloj en la pista central de Wimbledon. Él sentía que era una pérdida de dinero, comparando esa esponsorización con el cronometraje de eventos deportivos que hacían marcas inferiores como Seiko o Timex. Sabía que mi única opción pasaba por llevarlo allí. Sentados en la royal box, bebiendo té y mirando el partido, pude ver cómo incorporaba la idea: la vieja elegancia de la Centre Court, la emoción del tenis, la belleza y el encanto de un torneo especial. Cuando terminó el match me dijo: «Esto es Rolex».

 

Sobre la importancia del timing… ¡negocia en los postres!

 

Muchas ideas fracasan no porque sean malas, tampoco porque estén mal ejecutadas, sino porque no se lanzan en el timing correcto. El paso del tiempo puede alterar la dinámica de una situación y la receptividad del comprador. El timing tiene distintas implementaciones, pudiendo así controlar el momento en el que se realiza la venta o cuándo decir algo en una conversación, o jugar con el entorno y las circunstancias. El timing no es un conjunto de reglas a seguir, sino una percepción, en señales sensoriales que captura la mente, que uno debe ejecutar en el momento de la venta. Algunas compañías son propensas a comprar en un momento del año, plantéate si la situación requiere una estrategia de timing o si puedes usar el timing a tu favor. Cuando combinas la percepción del tiempo con los intangibles de la venta (cuánto tiempo debería una idea germinar o cuándo realizar la llamada) escoger el momento correcto termina siendo una decisión de juicio.

 

Sobre el control del entorno en el arte de la persuasión.

 

La gente suele subestimar la importancia de la atmósfera. Por la misma razón que existe un momento idóneo para realizar una venta, existe también un sitio correcto. El peor lugar suelen ser las oficinas del cliente. Sales ganando en una comida, después de un partido de tenis o en un campo de golf. Cualquier lugar en el que baje la guardia y sea receptivo.

 

Sobre la gestión de los silencios—o cómo arruinar una venta.

 

El uso de la pausa expectante en una venta es como pescar con red. Pones un cebo y esperas que el pez caiga en ella. Formulada la pregunta, habiendo realizado el pitch, no hables de nuevo hasta que el otro responda. No repitas tu argumento. No presiones. No digas eso de «sé que es una decisión difícil». El comprador lo está meditando, discutiendo consigo mismo en un monólogo interno. No intervengas. Si realiza una pregunta responde de forma monosilábica. Cuando diga que compra, tú cállate. No sabría decirte la de veces que he visto esto: se cierra un acuerdo y el vendedor levanta la sospecha halagando la decisión. «No te arrepentirás». Una vez has vendido, todo lo que digas jugará en tu contra. Cambia la conversación. Háblale de tu swing.

 

Sobre la estrategia de ser pez grande en estanque pequeño.

 

Es una verdad en el mundo de los negocios que uno no puede mantenerse en el mismo tamaño. Pero nos resistimos, y continuamos haciéndolo, a la presión de crecer demasiado rápido. Quería ser mejor antes de ser más grande. En 1966 nos convertimos en líderes de la representación en el mercado del golf. Estábamos organizados, teníamos a las personas en su sitio y sabíamos hacia adonde íbamos. Solo entonces decidí inspeccionar otros mercados. Si hemos seguido una fórmula de crecimiento esta ha sido: empieza con los mejores, aprende de los mejores, crece lentamente y consolida tu posición, luego diversifica horizontalmente tus conocimientos.

 

Sobre cómo ser más productivo durante tu jornada laboral.

 

Si los ejecutivos tuvieran que clasificar sus preocupaciones sospecho que no disponer de suficiente tiempo estaría en esa lista. Las soluciones al problema son más simples que lo que uno está dispuesto a admitir. Es principalmente una cuestión de controlar tu agenda, que tu agenda no te controle a ti. Ajustando las actividades al tiempo disponible, en lugar de expandir tu tiempo para hacerles sitio.Yo empiezo viendo la semana como un total de 168 horas y organizo en ellas tiempo para el descanso, así como tiempo para el trabajo.

 

Sobre las 3 frases que todo ejecutivo debería aprender a pronunciar.

 

Mucha personas dicen ciertas cosas porque asumen erróneamente que están generando la impresión correcta y evitan otras expresiones por la misma razón. Hay 3 frases, difíciles de pronunciar, que yo utilizo con frecuencia: no lo sé, necesito ayuda y estaba equivocado. Todos los presidentes de grandes compañías con los que he lidiado sabían cómo y cuándo decirlas.


Paul Arden. Sobre la creatividad

No puedo decirte el lugar en el que ir a buscar las buenas ideas pero si necesitas inspiración el publicista Paul Arden tiene el libro perfecto. It’s not how good you are, it’s how good you want to be, traducido al español como Usted puede ser lo bueno que quiera ser. La creatividad es un estado de ánimo. El proceso es instintivo y funciona en dos etapas: (1) definir una rutina en la que obtener un flujo constante de nuevas ideas y (2) retener las buenas ideas cuando hagan acto de presencia. Entorno y perseverancia, confiando ciegamente en el método. Rodearte de personas estimulantes (¡diferentes!) es el ingrediente esencial—porque la creatividad es un término colectivo. No hay ideas originales, nadie es 100% auténtico, todos hemos copiado estilos. Al final del día, la creatividad significa conectar ideas, será creativo quien consiga darle un nuevo uso a algo que ya existe. Arden odiaba al niño que no compartía los exámenes y hoy, en su agencia, fomenta una cultura sin propiedad intelectual, en la que todo está permitido.

 

Sobre la industria publicitaria y su mala reputación.

 

No tengo autoridad para hablar de Dios. Hablaré de publicidad. Es algo en lo que creo. Cuando digo que me dedico a la publicidad, la reacción instintiva de mi interlocutor es pensar que mi trabajo es vender a la gente cosas que no quiere. La gente cree que el del publicista es un trabajo ingrato. Pero no es ni más ni menos ingrato que cualquier otro. Sí, de acuerdo, yo vendo. Pero eso es lo que hace todo el mundo. La gente curra y vende o intenta que le compren algo. Sus servicios o su punto de vista. Las reuniones de Tupperware, por ejemplo. Son para vender. Antes de vender un coche se limpia para sacarle más partido. Hay quien tiene la casa en venta y cuando sabe que va a recibir a un posible comprador hornea pan para que huela bien. La forma de vestir para ir a una entrevista o a una fiesta, o una simple barra de labios. ¿No son formas de venderse a uno mismo? Los curas venden. Venden aquello en lo que creen. Dios. Todos vendemos. Todos estamos metidos en publicidad. Forma parte de la vida.

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Sobre la siempre gratificante búsqueda de la exigencia.

 

No tema trabajar con los mejores. Los mejores pueden ser gente difícil. Son resueltos y obcecados. Y por eso mismo son buenos. No entienden de compromisos. Pueden intimidar, sobre todo a los jóvenes, pero si se acerca a ellos con la actitud de querer hacer bien las cosas su respuesta será positiva. No lo dude. Porque a ellos también les gusta hacer bien las cosas. Y si tiene bien claro lo que quiere y se muestra decidido a conseguirlo, le respetarán aunque haya discusiones. Quizá no enseguida, pero sí con el tiempo. No he dicho que vaya a ser fácil.

 

Sobre el feedback negativo.

 

No busque elogios. Buque críticas. Es bastante fácil obtener la aprobación de los demás preguntando a suficientes personas o a las que sabemos que nos responderán lo que queremos oír. Lo más probable es que se muestren amables en lugar de críticos. Por otra parte, solemos pasar por alto lo negativo y solo atendemos a lo que nos interesa. De esta forma si ha hecho un trabajo agradable y aceptable, se convencerá a si mismo de que es bueno solo porque eso será lo que le hayan dicho los demás. Es probable que esté bien. Pero también que no sea excelente. Si en lugar de buscar la simple aprobación pregunta: «¿Está todo bien? ¿Cómo podría mejorarlo?», casi seguro que obtiene respuestas razonables y críticas. Incluso puede mejorar su idea. Y siempre podrá hacer caso omiso a las críticas si piensa que están fuera de lugar. (¿Le ve alguna pega al razonamiento?)

 

Sobre la creatividad—las distintas interpretaciones del concepto.

 

Para ser creativo no hace falta ser creativo. El término «creativo» es la divisa de las agencias de publicidad. Aparece en todos los informes. Pero, ¿qué significa «creativo»? Significa algo totalmente distinto para cada cliente. Para uno puede significar: «Quiero lo mismo que la competencia pero distinto». Para otro puede ser tan sencillo como querer un lema nuevo. Para otro significa: «Quiero lo mismo de los últimos 20 años, pero un poco diferente». El 99% de los clientes querrán lo que reconozcan por experiencia. A veces se ha dicho que la máxima de las multinacionales es «Creatividad con precedentes». Solo uno de cada diez mil quiere decir: «Quiero algo nunca visto». Así que, antes de ponerse manos a la obra, averigüe qué entiende su cliente por «creativo».

 

Sobre compartir desinteresadamente, sin apuntarse favores.

 

No oculte sus ideas. Dé todo lo que sabe y verá como lo recupera con creces. Seguro que recuerda cómo, en el colegio, para evitar que los demás copiaran, muchos niños rodeaban con el brazo el cuaderno de ejercicios o la hoja de examen. En el trabajo sucede lo mismo: la gente oculta sus ideas. «No se lo digas porque luego, ese, seguro que va y se cuelga la medalla». El problema de acaparar ideas es que acaba minando la energía. A la larga, agota. Si da todo lo que tiene se quedará vacío. Y se verá obligado a seguir alerta, a volver a llenarse. En cierto modo, cuanto más dé, mayor será la recompensa. Las ideas son de todos. No las reivindique como propias. Piense que no son sus ideas, son de todos. Están ahí, en el aire. Basta con estar predispuesto para poder cazarla al vuelo.

 

Sobre las oportunidades que todo proyecto presente ofrece.

 

No espere a que le den otra oportunidad. La que tiene entre las manos es la buena. Siempre esperamos el encargo perfecto del cliente perfecto. Pero casi nunca llega. Tal vez ahora tenga un proyecto entre manos y esté pensando: «Es tan aburrido que lo mejor será que lo acabe cuanto antes y me libere de él. El siguiente será mejor». Sea cual sea el proyecto que tiene sobre la mesa, ese es el proyecto. Hágalo lo mejor que pueda. Puede que el resultado no sea excelente, pero al menos tendrá la satisfacción de haberlo hecho lo mejor posible, y además siempre se aprenderán cosas. Las grandes soluciones suelen venir de la gente que se rebela ante un encargo mediocre.

 

Sobre la gestión de los riesgos.

 

Empiece equivocándose y verá como de repente todo es posible. Ya no intenta ser infalible. Pisa terreno desconocido. No hay forma de saber qué puede pasar, pero hay más posibilidades de que el resultado sea extraordinario que cuando intentaba acertar. Ahora bien, equivocarse entraña un riesgo. A la gente le preocupa sugerir ideas estúpidas por lo que puedan pensar los demás. Quizá ya haya asistido a alguna reunión en la que a raíz de una idea original suya haya surgido la necesidad de enfocar las cosas de otra forma. Pero en lugar de oírse, por ejemplo, «sugerencias como esa son las que conducen a soluciones novedosas», la sala permanece en silencio, la gente mira al techo, pone los ojos en blanco y retoma la discusión. Las personas se miden por los riesgos que asumen. Quien no asume riesgos intenta conservar lo que tiene. Quien asume riesgos suele acabar teniendo más.


Lewis Carroll. Sobre la locura

“Sí yo hiciera mi mundo todo sería un disparate. Porque todo sería lo que no es. Y entonces al revés, lo que es no sería y lo que no podría ser si sería.” Lewis Carroll imaginó un universo loco en sus dos cuentos más célebres: Alicia en el País de las Maravillas y Alicia a través del espejo. Escritos de forma enigmática, leer las aventuras de la descreída Alicia significa adentrarse en un sueño, en el que no existen las normas y uno vive la vida como la siente. En Cardinal, fanáticos de las estrategias en los extremos, seguiremos la lógica de Carroll en el diseño de carrera. El Rey, como todos los chiflados personaje del relato, esconde grandes verdades en sus irracionales consejos. “Empieza por el principio y sigue hasta que llegues al final; allí te paras.” Parece una locura pero, sorprendentemente, funciona. El mensaje de Alicia es que, en un mundo cuadrado, solo el loco habla con cabeza. Él es el único que piensa distinto.

 

Sobre la importancia de fijar una dirección.

—Minino de Cheshire, ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?

—Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar—dijo el Gato.

—No me importa mucho el sitio—dijo Alicia.

—Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes—dijo el Gato.

—Siempre que llegue a alguna parte—añadió Alicia como explicación.

—¡Oh, siempre llegarás a alguna parte, si caminas lo suficiente!

A Alicia le pareció que esto no tenía vuelta de hoja, y decidió hacer otra pregunta: ¿Qué clase de gente vive por aquí?

—En esta dirección vive un Sombrerero. Y en esta dirección vive una Liebre de Marzo. Visita al que quieras: los dos están locos.

—Pero es que a mí no me gusta tratar a gente loca—protestó Alicia.

—Oh, eso no lo puedes evitar, aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca.

—¿Cómo sabes que yo estoy loca?—preguntó Alicia.

—Tienes que estarlo, o no habrías venido aquí.

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Sobre la competición en ausencia de reglas claras.

—¿Qué es una carrera loca?—preguntó Alicia, y no porque tuviera muchas ganas de averiguarlo, sino porque el Dodo había hecho una pausa, como esperando que alguien dijera algo, y nadie parecía dispuesto a decir nada.

—Bueno, la mejor manera de explicarlo es hacerlo. 

(Y por si alguno de vosotros quiere hacer también una carrera loca cualquier día de invierno, voy a contaros cómo la organizó el Dodo.) Primero trazó una pista para la carrera, más o menos en círculo («la forma exacta no tiene importancia», dijo) y después todo el grupo se fue colocando aquí y allá a lo largo de la pista. No hubo el «a la una, a las dos, a las tres, ya», sino que todos empezaron a correr cuando quisieron, y cada uno paró cuando quiso, de modo que no era fácil saber cuándo terminaba la carrera. Sin embargo, cuando llevaban corriendo más o menos media hora, el Dodo gritó súbitamente: ¡La carrera ha terminado!

Y todos se agruparon jadeantes a su alrededor, preguntando: ¿Pero quién ha ganado?

El Dodo no podía contestar a esta pregunta sin entregarse antes a largas cavilaciones, y estuvo largo rato reflexionando con un dedo apoyado en la frente (la postura en que aparecen casi siempre retratados los pensadores) mientras los demás esperaban en silencio.

Por fin el Dodo dijo: Todos hemos ganado, y todos tenemos que recibir un premio.

Sobre estrategias contraintuitivas de inmejorables resultados.

—Así no lo lograrás nunca—le señaló la rosa—Si me lo preguntaras a mí, te aconsejaría que intentases andar en dirección contraria.

Esto le pareció a Alicia una verdadera tontería, de forma que sin dignarse a responder nada se dirigió al instante hacia la Reina. No bien lo hubo hecho, y con gran sorpresa por su parte, la perdió de vista inmediatamente y se encontró caminando en dirección a la puerta de la casa. Con no poca irritación deshizo el camino recorrido y después de buscar a la Reina por todas partes (acabó vislumbrándola a buena distancia de ella) pensó que esta vez intentaría seguir el consejo de la rosa, caminando en dirección contraria. Esto le dio un resultado excelente, pues apenas hubo intentado alejarse durante cosa de un minuto, se encontró cara a cara con la Reina roja.

 

Sobre la ley de Sayre y por qué evadir escenarios de competencia perfecta.

Alicia nunca pudo explicarse, pensándolo luego, como fue que empezó aquella carrera; todo lo que recordaba era que corrían cogidas de la mano y que la Reina corría tan velozmente que eso era lo único que podía hacer Alicia para no separarse de ella; y aún así la Reina no hacía más que jalearla gritándole: «¡Más rápido, más rápido!» Y aunque Alicia sentía que simplemente no podía correr más velozmente, le faltaba el aliento para decírselo. Lo más curioso de todo es que los árboles y otros objetos nunca variaban de lugar: por más rápido que corrieran nunca lograban pasar un solo objeto. (…) La Reina la apoyó contra el tronco de un árbol y le dijo amablemente: ahora puedes descansar un poco.

Alicia miró alrededor suyo con gran sorpresa.

—Pero ¿cómo? iSi parece que hemos estado bajo este árbol todo el tiempo! iTodo está igual que antes!

—¡Pues claro que sí!—convino la Reina—y ¿cómo si no?

—Bueno, lo que es en mi país—aclaró Alicia, jadeando aún bastante—cuando se corre tan rápido como lo hemos estado haciendo y durante algún tiempo, se suele llegar a alguna otra parte.

—¡Un país bastante lento!—replicó la Reina—lo que es aquí, como ves, hace falta correr todo cuanto una pueda para permanecer en el mismo sitio. Si se quiere llegar a otra parte hay que correr por lo menos dos veces más rápido.

 

Sobre quién eres y dejas de ser a lo largo de una vida.

¡Dios mío! ¡Qué cosas tan extrañas pasan hoy! Y ayer todo pasaba como de costumbre. Me pregunto si habré cambiado durante la noche. Veamos: ¿Era yo la misma al levantarme esta mañana? Me parece que puedo recordar que me sentía un poco distinta. Pero, si no soy la misma, la siguiente pregunta es ¿quién demonios soy? ¡Ah, este es el gran enigma! (…) Imaginó cómo sería, en el futuro, esta pequeña hermana suya, cómo sería Alicia cuando se convirtiera en una mujer. Y pensó que Alicia conservaría, a lo largo de los años, el mismo corazón sencillo y entusiasta de su niñez, y que reuniría a su alrededor a otros chiquillos, y haría brillar los ojos de los pequeños al contarles un cuento extraño, quizá este mismo sueño del País de las Maravillas que había tenido años atrás; y que Alicia sentiría las pequeñas tristezas y se alegraría con los ingenuos goces de los chiquillos, recordando su propia infancia y los felices días del verano.

 

Sobre la utilidad de las cosas

—Me estaba precisamente preguntando para qué serviría la trampa para ratones. No es muy probable que haya ratones por el lomo del caballo.
—No será probable, quizá —contestó el caballero—pero, ¿y si viniera alguno? No me gustaría que anduviera correteando por ahí. Lo mejor es estar preparado para todo. Esa es también la razón por la que el caballo lleva esos brazaletes en las patas.
—Pero, ¿para qué sirven? —preguntó Alicia con tono de viva curiosidad. —Pues para protegerlo contra los mordiscos de tiburón —replicó el caballero—. Es un sistema de mi propia invención.

 

Sobre la caprichosa memoria de una reina un tanto estrafalaria.

Mala memoria, la que solo funciona hacia atrás —censuró la Reina.
—¿De qué clase de cosas se acuerda usted mejor? —se atrevió a preguntarle Alicia.
—iOh! De las cosas que sucedieron dentro de dos semanas. Por ejemplo ahí tienes al mensajero del Rey. Está encerrado ahora en la cárcel, cumpliendo su condena; pero el juicio no empezará hasta el próximo miércoles y el crimen se cometerá al final.
—¿Y suponiendo que nunca cometa el crimen? —preguntó Alicia.
—Eso sería tanto mejor, ¿no te parece? —dijo la Reina sujetando con una cinta la venda que se había puesto en el dedo.
A Alicia le pareció que desde luego eso no se podía negar.

 

Sobre ser aquello que eres y no ser aquello que no eres.

—iAh, ya me acuerdo! —exclamó Alicia, que no había prestado atención a este último comentario—. Es un vegetal. No tiene aspecto de serlo, pero lo es.
—Enteramente de acuerdo —dijo la Duquesa—, y la moraleja de esto es: «Sé lo que quieres parecer» o, si quieres que lo diga de un modo más simple: «Nunca imagines ser diferente de lo que a los demás pudieras parecer o hubieses parecido ser si les hubiera parecido que no fueses lo que eres».
—Me parece que esto lo entendería mejor si lo viera escrito, pero tal como usted lo dice no puedo seguir el hilo.

 

Sobre cómo cambiando el enfoque podemos solucionar un problema.

Alicia estaba empezando a preguntarse a sí misma: «Y ahora, ¿qué voy a hacer yo con este chiquillo al volver a mi casa?», cuando el bebé soltó otro gruñido, con tanta violencia que volvió a mirarlo alarmada. Esta vez no cabía la menor duda: no era ni más ni menos que un cerdito, y a Alicia le pareció que sería absurdo seguir llevándolo en brazos.
Así pues, lo dejó en el suelo, y sintió un gran alivio al ver que echaba a trotar se adentraba en el bosque.
«Si hubiera crecido», se dijo a sí misma, «hubiera sido un niño terriblemente feo, pero como cerdito me parece precioso». Y empezó a pensar en otros niños que ella conocía y a los que les sentaría muy bien convertirse en cerditos.  

 

Sobre la importancia de fijar prioridades, para no perder el tiempo en cuestiones secundarias.

—¿Qué tengo que hacer para entrar? —volvió a preguntar Alicia alzando la voz.
Pero, ¿tienes realmente que entrar? —dijo el lacayo—. Esto es lo primero que hay que aclarar, sabes.
Era la pura verdad, pero a Alicia no le gustó nada que se lo dijeran.


Antoine de Saint-Exupéry. Sobre la curiosidad

El principito siempre tiene una pregunta. Porque el principito es todavía un niño y, como todos los niños, quiere saber más cosas del mundo. Así que emprende un fascinante viaje de exploración por distintos planetas, conociendo a reyes autoritarios, vanidosos cautivos, borrachos melancólicos, empresarios avariciosos, faroleros laboriosos y geógrafos meticulosos, todos ellos estrafalarios, para llegar finalmente a la Tierra, poblada por humanos todavía más absurdos, criaturas, a ojos del principito, difíciles de comprender, en sus innecesarias complicaciones. Saint-Exupéry, que acaba de sufrir una avería en el desierto, se encuentra con el principito y juntos emprenden la más bonita aventura literaria del siglo XX. Una obra única, que describe los sentimientos con simplicidad y belleza y que critica la racionalidad de la vida adulta. Un cuento mágico con el que volver a hacer preguntas. Y recuperar así la ilusión de cuando éramos niños.

 

Sobre los adultos y su extraña forma de ver el mundo.

Los mayores aman las cifras. Cuando les habláis de un nuevo amigo, no os interrogan jamás sobre lo esencial. Nunca se les ocurre preguntar: «¿Cómo es el timbre de su voz? ¿Cuáles son los juegos que prefiere? ¿Colecciona mariposas?». En cambio, os preguntan: «¿Qué edad tiene? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?». Solo entonces creen conocerle. Si decís a los mayores: «He visto una hermosa casa de ladrillos rojos con geranios en las ventanas y palomas en el techo», no acertarán a imaginarse la casa. Es necesario decirles: «He visto una casa de cien mil francos». Entonces exclaman: «¡Qué hermosa es!»

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Sobre los adultos y sus absurdas autoimposiciones.

Viví con personas mayores y las he conocido de cerca; esto no ha mejorado mi opinión sobre ellas. (…) Los hombres no tienen imaginación. Repiten lo que se les dice. (…) Conozco un planeta donde hay un Señor carmesí. Jamás ha aspirado una flor. Jamás ha mirado a una estrella. Jamás ha querido a nadie. No ha hecho más que sumas y restas. Y todo el día repite como tú: «¡Soy un hombre serio! ¡Soy un hombre serio!». Se infla de orgullo. Pero no es un hombre; ¡es un hongo!

 

Sobre los adultos y la pedante grandilocuencia.

Los hombres ocupan muy poco lugar en la Tierra. Si los dos mil millones de habitantes que pueblan la Tierra se tuviesen de pie y un poco apretados, como en un mitin, podrían alojarse fácilmente en una plaza pública de veinte millas de largo por veinte millas de ancho. Podría amontonarse a la humanidad sobre el más pequeño islote del Pacífico. Las personas mayores, sin duda, no os creerán. Se imaginan que ocupan mucho sitio. Se sienten importantes, como los baobabs. Les aconsejaréis, pues, que hagan el cálculo. Eso les gustará, ya que adoran las cifras.

 

Sobre la amistad y las contrapartidas de formar vínculos.

—¿Qué significa domesticar?

—Significa crear lazos. Para mí no eres más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. (…) Mi vida es monótona. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales. Me aburro, pues, un poco. Pero, si me domesticas, mi vida se llenará de sol. Conoceré un ruido de pasos distinto. El tuyo me llamará fuera de la madriguera, como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves, allá, los campos de trigo? Los campos de trigo no me recuerdan a nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes cabellos de oro y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo dorado será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.

—¿Qué hay que hacer?—dijo el principito.

—Hay que ser paciente—respondió el zorro—Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en la hierba. Te miraré de reojo y no dirás nada. Las palabras son fuente de malentendidos. Pero, cada día, podrás sentarte un poco más cerca.

El principito volvió al siguiente día.

—Hubiese sido mejor venir a la misma hora—dijo el zorro—Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón. Los ritos son necesarios.

 

Sobre el amor, hacia una rosa un tanto caprichosa.

No debí haberla escuchado, nunca hay que escuchar a las flores. (…) No supe comprender nada entonces. Debí haberla juzgado por sus actos y no por sus palabras. Me perfumaba y me iluminaba. ¡No debí haber huido! Debí haber adivinado su ternura, detrás de sus pobres astucias. ¡Las flores son tan contradictorias! Pero yo era demasiado joven para saber amarla.

 

La dedicatoria de Saint-Exupéry, al principio del libro.

A León Werth. Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo una seria excusa: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otra excusa: esta persona mayor puede comprenderlo todo; hasta los libros para niños. Tengo una tercera excusa: esta persona mayor vive en Francia, donde tiene hambre y frío. Tiene verdadera necesidad de consuelo. Si todas estas excusas no fueran suficientes, quiero dedicar este libro al niño que esta persona mayor fue en otro tiempo. Todas las personas mayores han sido niños antes. (Pero pocas lo recuerdan.) Corrijo, pues, mi dedicatoria: a León Werth cuando era niño. Corrijo, pues, mi dedicatoria: a León Werth cuando era niño.

 

El principito nos recuerda que somos responsables de aquello que domesticamos. Que lo esencial es invisible a los ojos. Y que, siempre que tengamos una pregunta, seguiremos siendo niños.


Marco Aurelio. Sobre la virtud

Marco Aurelio gobernó el Imperio romano con sabiduría y vigor. Escribiría Meditaciones mientras lideraba campañas militares, una obra en la que reflexiona sobre la vida y la muerte a través de los valores estoicos, valores que seguiría al pie de la letra, renunciando a los placeres carnales y defendiendo la virtud como único guía. El sabio emperador ofrece una receta para sobrellevar la incertidumbre moderna: no te preocupes por aquello que no puedes controlar. Los pensamientos construyen la realidad, la felicidad, si preguntas a un estoico, es tu responsabilidad. Meditaciones está compuesto por 12 libros. Más vigente que nunca, compartimos 21 fragmentos de un clásico.

 

Libro I.

1. De mi abuelo Vero: el buen carácter y la serenidad.

 

3. De mi madre: el respeto a los dioses, la generosidad y la abstención no solo de obrar mal, sino incluso de incurrir en semejante pensamiento; más todavía, la frugalidad en el régimen de vida y el alejamiento del modo de vivir propio de los ricos.

 

5. De mi preceptor: el no haber sido de la facción de los Verdes ni de los Azules, ni partidario de los parinularios ni de los escutarios; el soportar las fatigas y tener pocas necesidades; el trabajo con esfuerzo personal y la abstención de excesivas tareas, y la desfavorable acogida a la calumnia.

 

16. De mi padre: la mansedumbre y la firmeza serena en las decisiones profundamente examinadas. El no vanagloriarse con los honores aparentes; el amor al trabajo y la perseverancia; el estar dispuesto a escuchar a los que podían hacer una contribución útil a la comunidad. El distribuir sin vacilaciones a cada uno según su mérito. La experiencia para distinguir cuando es necesario un esfuerzo sin desmayo, y cuándo hay que relajarse. (…) El no tener muchos secretos, sino muy pocos, excepcionalmente, y solo sobre asuntos de Estado. (…) Y todo su carácter era así; no fue ni cruel, ni hosco, ni duro, sino que todo lo había calculado con exactitud, como si le sobrara tiempo, sin turbación, sin desorden, con firmeza, concertadamente. (…) Su vigor físico y su resistencia, y la sobriedad en ambos casos son propiedades de un hombre que tiene un alma equilibrada e invencible, como mostró durante la enfermedad que le llevó a la muerte.

 

Libro IV.

3. Se buscan retiros en el campo, en la costa y en el monte. Tú también sueles anhelar tales retiros. Pero todo eso es de lo más vulgar, porque puedes, en el momento que te apetezca, retirarte en ti mismo. En ninguna parte un hombre se retira con mayor tranquilidad y más calma que en su propia alma. (…) Y denomino tranquilidad única y exclusivamente al buen orden. Concédete, pues, sin pausa, este retiro y recupérate. Sean breves y elementales los principios que, tan pronto los hayas localizado, te bastarán para recluirte en toda tu alma y para enviarte de nuevo, sin enojo, a aquellas cosas de la vida ante las que te retiras.

 

24. «Abarca pocas actividades, dice, si quieres mantener el buen humor.» Es preciso recapacitar personalmente en cada cosa: ¿no estará esto entre lo que no es necesario? Y no solo es preciso eliminar las actividades innecesarias, sino incluso las imaginaciones. De esta manera, dejarán de acompañarlas actividades superfluas.

 

32. Piensa, por ejemplo, en los tiempos de Vespasiano. Verás siempre las mismas cosas: personas que se casan, crían hijos, enferman, mueren, hacen la guerra, celebran fiestas, comercian, cultivan la tierra, adulan, son orgullosos, recelan, conspiran, desean que algunos mueran, murmuran contra la situación presente, aman, atesoran, ambicionan los consulados, los poderes reales. Pues bien, la vida de aquellos ya no existe en ninguna parte. (…) Y especialmente debes reflexionar sobre aquellas personas que tú mismo viste esforzarse en vano, y olvidaban hacer lo acorde con su particular constitución: perseverar sin descanso en esto y contentarse con esto.

 

51. Corre siempre por el camino más corto, y el más corto es el que discurre de acuerdo con la naturaleza. En consecuencia, habla y obra en todo de la manera más sana, pues tal propósito libera de las aflicciones, de la disciplina militar, de toda preocupación administrativa y afectación.

Libro V.

5. «No pueden admirar tu perspicacia.» Está bien. Pero existen otras muchas cualidades sobre las que no puedes decir: «No tengo dotes naturales.» Procúrate, pues, aquellas que están enteramente en tus manos: la integridad, la gravedad, la resistencia al esfuerzo, el desprecio a los placeres, la resignación ante el destino, la necesidad de pocas cosas, la benevolencia, la libertad, la sencillez, la austeridad, la magnanimidad. ¿No te das cuenta de cuántas cualidades puedes procurarte ya, respecto a las cuales ningún pretexto tienes de incapacidad natural ni de insuficiente aptitud? Con todo, persistes todavía por propia voluntad por debajo de tus posibilidades. ¿Acaso te ves obligado a refunfuñar, a ser mezquino, a adular, a echar las culpas a tu cuerpo, a complacerte, a comportarte atolondradamente, a tener tu alma tan inquieta a causa de tu carencia de aptitudes naturales?

 

6. Existe cierto tipo de hombre que, cuando ha hecho un favor a alguien, está dispuesto también a cargarle en cuenta el favor; mientras que otra persona no está dispuesta a proceder así. Pero, con todo, en su interior, le considera como si fuera un deudor y es consciente de lo que ha hecho. Un tercero ni siquiera, en cierto modo, es consciente de lo que ha hecho, sino que es semejante a una vid que ha producido racimos y nada más reclama después de haber producido el fruto que le es propio, como el caballo que ha corrido, el perro que ha seguido el rastro de la pieza o la abeja que ha producido miel. Así, el hombre que hizo un favor, no persigue un beneficio, sino que lo cede a otro, del mismo modo que la vid se aplica a producir nuevos racimos a su debido tiempo.

 

Libro VI.

13. Al igual que se tiene un concepto de las carnes y pescados y comestibles semejantes, sabiendo que eso es un cadáver de pez, aquello cadáver de un pájaro o de un cerdo. (…) ¡Cómo, en efecto, estos conceptos alcanzan sus objetos y penetran en su interior, de modo que se puede ver lo que son! De igual modo es preciso actuar a lo largo de la vida entera, y cuando las cosas te dan la impresión de ser dignas de crédito en exceso, desnúdalas y observa su nulo valor, y despójalas de la ficción, por la cual se vanaglorian.

 

30. Procede como discípulo de Antonino; su constancia en obrar conforme a la razón, su ecuanimidad en todo, la serenidad de su rostro, la ausencia en él de vanagloria, su afán en lo referente a la comprensión de las cosas. Y recuerda cómo él no habría omitido absolutamente nada sin haberlo previamente examinado a fondo y sin haberlo comprendido con claridad; y cómo soportaba sin replicar a los que le censuraban injustamente; y cómo no tenía prisas por nada; y cómo no aceptaba las calumnias; y cómo era escrupuloso indagador de las costumbres y de los hechos; pero no era insolente, ni le atemorizaba el alboroto, ni era desconfiado, ni charlatán. Y cómo tenía bastante con poco, para su casa, por ejemplo, para su lecho, para su vestido, para su alimentación, para su servicio; y cómo era diligente y animoso. (…) Y su firmeza y uniformidad en la amistad; y su capacidad de soportar a los que se oponían sinceramente a sus opiniones y de alegrarse, si alguien le mostraba algo mejor; y cómo era respetuoso con los dioses sin superstición, para que así te sorprenda, como a él, la última hora con buena conciencia.

 

Libro VII.

55. No pongas tu mirada en guías interiores ajenos, antes bien, dirige tu mirada directamente al punto donde te conduce la naturaleza del conjunto universal por medio de los sucesos que te acontecen, y la tuya propia por las obligaciones que te exige. Cada uno debe hacer lo que corresponde a su constitución. (…) Lo que prevalece en la constitución humana es la sociabilidad. En segundo lugar, la resistencia a las pasiones corporales, pues es propio del movimiento racional e intelectivo marcarse límites y no ser derrotado nunca ni por el movimiento sensitivo ni por el instintivo. Pues ambos son de naturaleza animal, mientras que el movimiento intelectivo quiere prevalecer y no ser subyugado por aquellos. En tercer lugar, en la constitución racional no se da la precipitación ni la posibilidad de engaño. Así pues, el guía interior, que posee estas virtudes, cumpla su tarea con rectitud, y posea lo que le pertenece.

 

Libro IX.

33. Todo cuanto ves, muy pronto será destruido y los que han visto la destrucción dentro de muy poco serán también destruidos; y el que murió en la vejez extrema acabará igual que el que murió prematuramente.

 

Libro X.

8. Después de asignarte estos nombres: bueno, reservado, veraz, prudente, condescendiente, magnánimo, procura no cambiar nunca de nombre, y, si perdieras dichos nombres, emprende su búsqueda a toda prisa. Por tanto, caso de que te mantengas en la posesión de estos nombres, sin anhelar ser llamado con ellos por otros, serás diferente y entrarás en una vida nueva. Porque el continuar siendo todavía tal cual has sido hasta ahora, y en una vida como esta, ser desgarrado y mancillado, es demasiado propio de un ser insensato, apegado a la vida y semejante a los gladiadores semidevorados que, cubiertos de heridas y de sangre mezclada con polvo, a pesar de eso, reclaman ser conservados para el día siguiente, a fin de ser arrojados en el mismo estado a las mismas garras y mordeduras. Embárcate, pues, en la obtención de estos pocos nombres. Y si consigues permanecer en ellos, quédate allí, como transportado a unas islas de los bienaventurados. Pero si te das cuenta de que fracasas y no impones tu autoridad, vete con confianza a algún rincón, donde consigas dominar, o bien, abandona definitivamente la vida, no con despecho, sino con sencillez, libre y modestamente, habiendo hecho, al menos, esta única cosa en la vida: salir de ella así.

 

Libro XI.

19. Debemos guardamos sin cesar de cuatro desviaciones del guía interior; y cuando las descubras, debes apartarlas hablando con cada una de ellas en estos términos: «Esta idea no es necesaria, esta es disgregadora de la sociedad, esta otra que vas a manifestar no surge de ti mismo.» Porque manifestar lo que no proviene de ti mismo, considéralo entre las cosas más absurdas. Y la cuarta desviación, por la que te reprocharás a ti mismo, consiste en que la parte más divina que se halla en ti, esté sometida e inclinada a la parte menos valiosa y mortal, la de tu cuerpo y sus rudos placeres.

 

Libro XII.

27. Rememora sin cesar a los que se indignaron en exceso por algún motivo, a los que alcanzaron la plenitud de la fama, de las desgracias, de los odios o de los azares de toda índole. Seguidamente, haz un alto en el camino y pregúntate: «¿Dónde está ahora todo aquello?». Humo, ceniza, leyenda o ni siquiera leyenda.

 

29. La salvación de la vida consiste en ver enteramente qué es cada cosa por si misma, cuál es su materia y cuál es su causa. En practicar la justicia con toda el alma y en decir la verdad.

 

31. ¿Qué pretendes? ¿Seguir viviendo? ¿Percibir las sensaciones, los instintos? ¿Crecer? ¿Cesar de nuevo? ¿Utilizar la palabra? ¿Pensar? ¿Qué cosa entre esas te parece que vale la pena echar de menos? Y si cada una de éstas te parece bien despreciable, inclínate finalmente a ser sumiso a la razón y a Dios. Pero se oponen el honrar estas cosas y enojarse por el hecho de que con la muerte se nos privará de estas mismas facultades.

 

32. ¿Qué pequeña parte de tiempo ilimitado y abismal se ha asignado a cada uno? Pues rapidísimamente se desvanece en la eternidad. ¿Y qué pequeña parte del conjunto de la sustancia, y qué ínfima también del conjunto del alma? ¿Y en qué diminuto terrón del conjunto de la tierra te arrastras? Considera todas esas cosas e imagina que nada es importante, sino actuar como tu naturaleza indica y experimentarlo como la naturaleza común conlleva.

 

33. ¿Cómo se sirve de ti el guía interior? Que en eso radica todo. Y lo demás, dependa o no de tu libre elección, es cadáver y humo.

 

El emperador recomienda vivir una vida sencilla y honesta, sin delirios de grandeza. Relacionado, Percy Shelley publicó un poema sobre la historia de Ozymandias, nombre griego del faraón Ramsés II. Shelley competía con su colega Horace Smith, en una apuesta amistosa en la que escribirían acerca del legado pasajero de los hombres—y las arenas del tiempo que todo lo entierran. Regresando a Marco Aurelio: “Todo es efímero: el recuerdo y el objeto recordado.” Solo debería preocuparte el momento presente.

 

I met a traveller from an antique land

Who said: Two vast and trunkless legs of stone

Stand in the desert … Near them, on the sand,

Half sunk, a shattered visage lies, whose frown,

And wrinkled lip, and sneer of cold command,

Tell that its sculptor well those passions read

Which yet survive, stamped on these lifeless things,

The hand that mocked them and the heart that fed;

And on the pedestal these words appear:

“My name is Ozymandias, king of kings:

Look on my works, ye Mighty, and despair!”

Nothing beside remains. Round the decay

Of that colossal wreck, boundless and bare

The lone and level sands stretch far away.

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Albert Camus. Sobre el absurdo

Según la mitología griega, el engreído Sísifo, rey de Éfira, fue condenado por los dioses a empujar  una gran roca montaña arriba. Una vez alcanzaba la cima, la piedra rodaba cuesta abajo, repitiéndose eternamente la secuencia. Albert Camus, el novelista francés, observa, en el absurdo día de Sísifo, la existencia de los hombres, planteando que el debate filosófico gire alrededor de una única pregunta: si uno debe o no suicidarse. Camus, pesimista, encontró la respuesta escribiendo. Primero en El extranjero (1942), con un personaje, Meursault, que no cuenta con razones de peso para seguir viviendo, indiferente a la realidad que le rodea. Cambió su visión en La peste (1947), con el doctor Rieux enfrentándose al absurdo, y saliendo victorioso. Son precisamente los problemas, y la resolución de los mismos, lo que puede dar sentido a una vida. Camus adoptó el existencialismo, la experiencia humana como punto de partida, para entender el mundo en el que vivía. Compartimos su visión en el profundo ensayo El mito de Sísifo (1942).

 

Sobre la trágica consciencia humana.

Se ha comprendido ya que Sísifo es el héroe absurdo. Lo es tanto por sus pasiones como por su tormento. Su desprecio de los dioses, su odio a la muerte y su apasionamiento por la vida le valieron ese suplicio indecible en el que todo el ser se dedica a no acabar nada. Es el precio que hay que pagar por las pasiones de esta tierra. No se nos dice nada sobre Sísifo en los infiernos. Los mitos están hechos para que la imaginación los anime. Con respecto a este, lo único que se ve es todo el esfuerzo de un cuerpo tenso para levantar la enorme piedra, hacerla rodar y ayudarla a subir una pendiente cien veces recorrida; se ve el rostro crispado, la mejilla pegada a la piedra, la ayuda de un hombro que recibe la masa cubierta de arcilla, de un pie que la calza, la tensión de los brazos, la seguridad enteramente humana de dos manos llenas de tierra. Al final de ese largo esfuerzo, medido por el espacio sin cielo y el tiempo sin profundidad, se alcanza la meta. Sísifo ve entonces cómo la piedra desciende en algunos instantes hacia ese mundo inferior desde el que habrá de volver a subirla hasta las cimas, y baja de nuevo a la llanura.

Sísifo me interesa durante ese regreso, esa pausa. Un rostro que sufre tan cerca de las piedras es ya él mismo piedra. Veo a ese hombre volver a bajar con paso lento pero igual hacia el tormento cuyo fin no conocerá jamás. Esta hora que es como una respiración y que vuelve tan seguramente como su desdicha, es la hora de la conciencia. En cada uno de los instantes en que abandona las cimas y se hunde poco a poco en las guaridas de los dioses, es superior a su destino. Es más fuerte que su roca.

Si este mito es trágico lo es porque su protagonista tiene conciencia. ¿En qué consistiría, en efecto, su castigo si a cada paso le sostuviera la esperanza de conseguir su propósito? El obrero actual trabaja durante todos los días de su vida en las mismas tareas y ese destino no es menos absurdo. Pero no es trágico sino en los raros momentos en que se hace consciente. Sísifo, proletario de los dioses, impotente y rebelde, conoce toda la magnitud de su miserable condición: en ella piensa durante su descenso. La clarividencia que debía constituir su tormento consuma al mismo tiempo su victoria. No hay destino que no se venza con el desprecio.

Por lo tanto, si el descenso se hace algunos días con dolor, puede hacerse también con alegría. Esta palabra no está de más. Sigo imaginándome a Sísifo volviendo hacia su roca, y el dolor estaba al comienzo. Cuando las imágenes de la tierra se aferran demasiado fuertemente al recuerdo, cuando el llamamiento de la felicidad se hace demasiado apremiante, sucede que la tristeza surge en el corazón del hombre: es la victoria de la roca, la roca misma. La inmensa angustia es demasiado pesada para poder sobrellevarla. Son nuestras noches de Getsemaní. Pero las verdades aplastantes perecen de ser reconocidas. Así, Edipo obedece primeramente al destino sin saberlo, pero su tragedia comienza en el momento en que sabe. Pero en el mismo instante, ciego y desesperado, reconoce que el único vínculo que le une al mundo es la mano fresca de una muchacha. Entonces resuena una frase desmesurada: “A pesar de tantas pruebas, mi avanzada edad y la grandeza de mi alma me hacen juzgar que todo está bien.” El Edipo de Sófocles, como el Kirilov de Dostoievski, da así la fórmula de la victoria absurda. La sabiduría antigua coincide con el heroísmo moderno.

No se descubre lo absurdo sin sentirse tentado a escribir algún manual de la felicidad. “¡Eh, cómo! ¿Por caminos tan estrechos…?” Pero no hay más que un mundo. La felicidad y lo absurdo son dos hijos de la misma tierra. Son inseparables. Sería un error decir que la dicha nace forzosamente del descubrimiento absurdo. Sucede también que la sensación de lo absurdo nace de la dicha. “Juzgo que todo está bien” dice Edipo, y esta palabra es sagrada. Resuena en el universo feroz y limitado del nombre. Enseña que todo no es ni ha sido agotado. Expulsa de este mundo a un dios que había entrado en él con la insatisfacción y la afición a los dolores inútiles. Hace del destino un asunto humano, que debe ser arreglado entre los hombres.

 

Sobre la felicidad como responsabilidad.

Toda la alegría silenciosa de Sísifo consiste en eso. Su destino le pertenece. Su roca es su cosa. Del mismo modo, el hombre absurdo, cuando contempla su tormento, hace callar a todos los ídolos. En el universo súbitamente devuelto a su silencio se elevan las mil vocecitas maravilladas de la tierra. Llamamientos inconscientes y secretos, invitaciones de todos los rostros constituyen el reverso necesario y el premio de la victoria. No hay sol sin sombra y es necesario conocer la noche. El hombre absurdo dice sí y su esfuerzo no terminará nunca. Si hay un destino personal, no hay un destino superior, o, por lo menos, no hay más que uno al que juzga fatal y despreciable. Por lo demás, sabe que es dueño de sus días. En ese instante sutil en que el hombre vuelve sobre su vida, como Sísifo vuelve hacia su roca, en ese ligero giro, contempla esa serie de actos desvinculados que se convierte en su destino, creado por él, unido bajo la mirada de su memoria y pronto sellado por su muerte. Así, persuadido del origen enteramente humano de todo lo que es humano, ciego que desea ver y que sabe que la noche no tiene fin, está siempre en marcha. La roca sigue rodando.

Dejo a Sísifo al pie de la montaña. Se vuelve a encontrar siempre su carga. Pero Sísifo enseña la fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas. El también juzga que todo está bien. Este universo en adelante sin amo no le parece estéril ni fútil. Cada uno de los granos de esta piedra, cada fragmento mineral de esta montaña llena de oscuridad, forma por sí solo un mundo. El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo feliz.

 

El absurdo, y la filosofía de Camus, es también la temática de Fargo (2014), una serie de Noah Hawley. El protagonista, Lou Solverson, veterano de Vietnam, con una hija de 7 años y una esposa enferma de cáncer, pronuncia, la siguiente frase: “It’s the rock we all push, men. We call it our burden, but it’s really our privilege.” Abraza su destino, asumiendo toda la responsabilidad.

Escena 1. “What’s the point? You are just going to die anyway

Escena 2. “We are put on this Earth to do a job. And each of us gets the time we get to do it.”

Escena 3. “Your husband. He was gonna protect this family no matter what. I do understand.”

El reto que propone el absurdo: vivir una vida satisfactoria a la vez que uno acepta que la muerte es inevitable y que todo aquello que construya en ella desaparecerá en el tiempo. Una árida pelea de la que, sin embargo, es posible salir victorioso, si hallamos un sentido en las distintas dimensiones de la existencia. Tanto en los pequeños momentos inesperados (el gesto altruista de un desconocido) como en las grandes experiencias colectivas (la heroicidad en tiempos de guerra). El mismo Camus comprendió, jugando al fútbol en Argel, la fuerza de la camaradería. Afirmaba que allí, en el campo, aprendió más acerca de la moral y las obligaciones de los hombres que en 50 años de vivencias. Somos animales sociales, el propósito en los vínculos humanos.


Viktor Frankl. Sobre el propósito

El psicólogo Viktor Frankl sobrevivió al infierno de Auschwitz. El hombre en busca de un sentido (1946) es el relato de un prisionero que no perdió la esperanza, en los momentos más oscuros de la humanidad. Discípulo de Freud, Frankl describe con enfoque psicoanalítico el día a día en el campo, a través de las emociones que experimenta, en su combate por la supervivencia. Compartimos cinco fragmentos de unas vivencias estremecedoras, pero a la vez vitales y bellas, en las que el doctor Frankl, en la decisión consciente de seguir luchando, eleva su existencia.

 

Sobre la misión que tenemos en esta vida.

Recuerdo dos casos de suicidio frustrado que guardan entre sí mucha similitud. Ambos prisioneros habían comentado sus intenciones de suicidarse basando su decisión en el argumento típico de que ya no esperaban nada de la vida. En ambos casos se trataba por lo tanto de hacerles comprender que la vida todavía esperaba algo de ellos. A uno le quedaba un hijo al que él adoraba y que estaba esperándole en el extranjero. En el otro caso no era una persona la que le esperaba, sino una cosa, ¡su obra! Era un científico que había iniciado la publicación de una colección de libros que debía concluir. Nadie más que él podía realizar su trabajo, lo mismo que nadie más podría nunca reemplazar al padre en el afecto del hijo.

 

Sobre la salvación de la humanidad—a través del amor.

Mientras marchábamos a trompicones durante kilómetros, resbalando en el hielo y apoyándonos continuamente el uno en el otro, no dijimos palabra, pero ambos lo sabíamos: cada uno pensaba en su mujer. (…) El amor es la meta última y más alta a que puede aspirar el hombre. Fue entonces cuando aprehendí el significado del mayor de los secretos que la poesía, el pensamiento y el credo intentan comunicar: la salvación del hombre está en el amor y a través del amor. Comprendí cómo el hombre, desposeído de todo en este mundo, todavía puede conocer la felicidad—aunque sea solo momentáneamente—si contempla al ser querido.

 

Sobre la percepción del tiempo y la existencia provisional.

Todos los que pasaron por un campo concuerdan en señalar que la influencia más deprimente de todas era que el recluso no supiera cuánto tiempo iba a durar su encarcelamiento. (…) El vocablo latino finis tiene dos significados: final y meta a alcanzar. El hombre que no podía ver el fin de su existencia provisional, tampoco podía aspirar a una meta última en la vida. Cesaba de vivir para el futuro y aparecían signos de decadencia. (…) Una unidad de tiempo pequeña, un día, por ejemplo, repleto de continuas torturas y de fatiga, parecía no tener fin, mientras que una unidad de tiempo mayor parecía transcurrir con rapidez. En el campo el día duraba más que la semana.

El hombre que se dejaba vencer porque no podía ver ninguna meta futura, se ocupaba en pensamientos retrospectivos. En otro contexto hemos hablado ya de la tendencia a mirar al pasado como una forma de contribuir a apaciguar el presente y todos sus horrores haciéndolo menos real. Pero despojar al presente de su realidad entrañaba ciertos riesgos. Resultaba fácil desentenderse de las posibilidades de hacer algo positivo y esas oportunidades existían. (…) Tales personas olvidaban que muchas veces es precisamente una situación externa excepcionalmente difícil lo que da al hombre la oportunidad de crecer espiritualmente más allá de sí mismo. En vez de aceptar las dificultades del campo como una manera de probar su fuerza interior, no toman su vida en serio y la desdeñan como algo inconsecuente.

Claro está que solo unos pocos son capaces de alcanzar cimas espirituales elevadas. Pero esos pocos tuvieron una oportunidad de llegar a la grandeza humana aun cuando fuera a través de su aparente fracaso y de su muerte, hazaña que en circunstancias ordinarias nunca hubieran alcanzado. A los demás de nosotros, al mediocre y al indiferente, se les podrían aplicar las palabras de Bismarck. “La vida es como visitar al dentista. Se piensa siempre que lo peor está por venir, cuando en realidad ya ha pasado.” Parafraseando este pensamiento, podríamos decir que muchos de los prisioneros del campo creyeron que la oportunidad de vivir ya les había pasado y, sin embargo, la realidad es que representó una oportunidad y un desafío.

 

Sobre las decisiones libres, la diferencia entre hombres y animales.

Las experiencias de la vida en un campo demuestran que el hombre tiene capacidad de elección. (…) Los que estuvimos allí recordamos a los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas—la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias—para decidir su propio camino. Dostoyevski dijo en una ocasión: “Solo temo una cosa: no ser digno de mis sufrimientos” y estas palabras retornaban una y otra vez a mi mente cuando conocí a aquellos mártires cuya conducta en el campo, cuyo sufrimiento y muerte, testimoniaban el hecho de que la libertad íntima nunca se pierde. (…) Es esta libertad espiritual, que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido.

Una vida activa sirve a la intencionalidad de dar al hombre una oportunidad para comprender sus méritos en la labor creativa, mientras que una vida pasiva de simple goce le ofrece la oportunidad de obtener la plenitud experimentando la belleza, el arte o la naturaleza. Pero también es positiva la vida que está casi vacía tanto de creación como de gozo y que admite una sola posibilidad de conducta; a saber, la actitud del hombre hacia su existencia, una existencia restringida por fuerzas que le son ajenas. (…) El sufrimiento es un aspecto de la vida que no puede erradicarse, como no pueden apartarse el destino o la muerte. Sin todos ellos la vida no es completa.

 

Sobre las oportunidades existentes en un destino adverso.

El modo en que un hombre acepta su destino y todo el sufrimiento que este conlleva, la forma en que carga con su cruz, le da oportunidades—incluso bajo las circunstancias más difíciles—para añadir a su vida un sentido más profundo. Puede conservar su valor, su dignidad, su generosidad. (…) Piénsese en el destino de los enfermos. En una ocasión, leí la carta escrita por un joven inválido, en la que a un amigo le decía que acababa de saber que no viviría mucho tiempo y que ni siquiera una operación podría aliviarle su sufrimiento. Continuaba su carta diciendo que se acordaba de haber visto una película sobre un hombre que esperaba su muerte con valor y dignidad. Aquel muchacho pensó entonces que era una gran victoria enfrentarse de este modo a la muerte y ahora—escribía—el destino le brindaba a él una oportunidad similar.


7 cosas que me hubiera gustado saber. Antes de empezar la universidad

Este texto es una adaptación del discurso de bienvenida a la Universidad Pompeu Fabra, Facultad de Economía.

 

¿Estáis nerviosos? Hace 12 años estaba sentado en este auditorio. Recuerdo todavía las dudas. Las mismas preguntas que tendréis hoy vosotros. ¿Encajaré? ¿Qué diré en clase? ¿Aprobaré las mates? Si esto va de consejos aquí el primero: perded pronto la vergüenza. La gente es maja. (La mayoría.) Es muy fácil hacer amigos. Basta con decir hola y compartiréis un vínculo de por vida. Escoged con criterio a quien saludéis. En lo que concierne las notas, trabajad desde el día 1.

 

¿Qué habría hecho diferente si empezara de nuevo la universidad? Ayer, preparando mi intervención, decidí lanzar la pregunta en Twitter. Estas fueron algunas de las respuestas. “Invierte en alcohol de calidad.” (!) “Que las notas no son [tan] importantes.” Y, mi favorita: “no vayas.” Yo ilusionado con la oportunidad de despertar una curiosidad genuina, la chispa que desatara el incendio, en una larga y emocionante travesía que concluiría en el Stockholm Konserthus, recibiendo, uno de vosotros, de manos del rey sueco, el Nobel de Economía. Y llegó el hater.

 

Hoy empieza una bonita etapa que, y no es mi intención asustaros, definirá una trayectoria profesional, forjará la personalidad adulta y condicionará el resto de vuestros días. La universidad no te enseña una profesión—esto lo aprendes trabajando—pero la universidad te dará contenido, disciplina y contactos. Me gustaría compartir cierta información clasificada. Aunque dudo que mi yo universitario mostrara interés en esta charla—al final del día, uno solo aprende equivocándose.

 

1. Leer para pensar distinto 📚

 

Nunca fui el mejor estudiante, pero siempre tuve curiosidad. Y siempre estaba leyendo. Era 2007, ¿cómo no hacerlo? Disfrutaba como un niño con los artículos de Sala i Martín sobre la crisis. 4 años de fascinantes turbulencias, desde el crash financiero hasta la deuda europea. Entusiasmo no compartido por las mejores medias de mi promoción, ellos no seguían la actualidad. “Tengo que estudiar para el test,” decían. Hoy trabajan vendiendo seguros. Yo aprendí economía.

Marca la diferencia que sigas leyendo cuando no hay obligación de hacerlo. Recuerdo ir a la playa con artículos académicos. Y con el manual de Mankiw. No puedes competir contra esto.

Intenta entender qué está pasando en el mundo, desde el punto de vista de un economista. No leas superventas, lee los libros que nadie lee. Filtra contenidos a través de Twitter. No leas prensa financiera, lee los clásicos de la biblioteca (¡son gratis!). El enfoque económico de Gary Becker es tu ventaja comparativa. Poca gente piensa como un economista, ni siquiera los economistas.

 

2. Muévete, Hulio 🤺

 

Algo bonito de la universidad es que, por primera vez, puedes expresarte en libertad, puedes ser quien tú quieras. En el instituto, con grupos tan pequeños, la presión social es un factor. ¿Te gusta la economía? Pronto descubrirás que no estás solo. Ya no tienes que esconderte, el mercado recompensa a los raros. Nadie te mirará mal por discutir la política monetaria de Draghi.

¿No sabes qué quieres? Dí que sí todo y reajusta rápido, ignora el coste hundido. Encontrarás el camino andando. Testea alternativas, prohibido ser un nini. Comprometerte a los 18 es una restricción innecesaria. Mi modelo es el americano, con major y minor. Allí escoges universidad, no grado. En primero te matriculas a cinco facultades. En segundo decides especialización.

Estarás buscando durante días, meses o años pero, cuando lo encuentres, lánzate de cabeza. El profesor es tu amigo. Pregúntale sobre esa temática que lleva estudiando en soledad toda una vida. Llorará de emoción. Entiende su realidad: nadie lee sus papers. Yo recuerdo 50 estudiantes, de 2.500 que han pasado por mi clase. Todos cumplían con el mismo perfil: querían saber más.

 

3. Gestión de notas 🧐

 

Las notas son importantes y las notas no son importantes.

Las notas son importantes si quieres la plaza de intercambio en Wharton, si preparas entrevista con banca de inversión, si tienes intención de cursar un doctorado. En definitiva, si compites en expediente perfecto. El problema de esta estrategia es que estarás diferenciándote en el margen—contra alguien mejor preparado. La ley de Sayre, la lucha es feroz cuando el botín es bajo. Si buscas entrevista con McKinsey asegúrate media de 8. Si te gusta la publicidad trabaja un buen portfolio. En un mundo con recursos limitados, piensa desde primero cómo invertirás tu tiempo.

Las notas no son importantes si encuentras una historia distinta, si desarrollas un perfil en la interesección, si entiendes la universidad como una etapa más en tu desordenado proceso formativo. En una economía que nadie puede entender solo el autodidacta estará protegido. Utiliza los MOOC, combina disciplinas. Ahora es el momento de hacer cosas sin un retorno claro.

Y no te preocupes demasiado con tu primer suspenso. En bachillerato sacabas matrículas. Aquí la media es un 7. La probabilidad dice que no tendrás el 9. Economía es especialización, preferible la varianza. Basta con ser el mejor en un campo. No veo eficiente ser bueno en todos.

 

4. Precio subsidiado ☝️

 

¿Cuánto cuesta una clase? El coste real de una asignatura son 750 euros. Con este número en la cabeza: busca optativas exigentes, googlea el CV del profesor, escoge el grupo más competitivo. Eres producto de tu entorno, serás tan bueno como tus compañeros. Harvard no está preocupado por fichar a los mejores profesores, Harvard compite por los mejores estudiantes. Aprendes economía si sigues discutiendo en el bar. En otras universidades bajarías el listón (el pasotismo es contagioso) pero aquí estás de suerte: en la Pompeu el raro es el que no trabaja.

¡18 años! Existen dos peligros que, aunque contradictorios, pueden ocurrir de forma simultánea: creer que el profesor lo sabe todo y creer que tú lo sabes todo. No respetes la autoridad, sé escéptico con los catedráticos. (Yo sigo sin entender la macro.) Encontrarás soluciones simples a problemas complejos. Esta bonita etapa servirá para cuestionarlo todo. También tus creencias.

 

5. Fuera de clase 🔥

 

¿Cómo encontrar, en una promoción de 600 estudiantes, los 4 locos que comparten tu pasión por la bolsa? En Economía de la Empresa, mi asignatura de primero, discutimos los problemas informativos y, una posible solución, en las señales costosas. Utiliza los clubes de estudiantes para filtrar perfiles en los extremos, demuestra tu compromiso superando la prueba de acceso.

Para algunos la UPF es como ir a la oficina. De 9 a 5. Un modelo mejor es el campus americano, vivir las 24 horas la experiencia universitaria. De ti depende replicarlo. Busca asociaciones, juega al fútbol 7, gana la liga de debate. Equípate con experiencias relevantes—voluntariados, viajes y pequeños proyectos empresariales. Trabaja las habilidades sociales, la Pompeu son también las Pompeufarras. Conferencias, dentro y fuera, presentándote al conferenciante. Pídele recursos. “Me encantaría saber cómo lo has hecho.” Te ayudará si en tus ojos brilla la curiosidad genuina.

 

6. Inglés profesional 💂‍♂️

 

Si viene otra crisis quieres darte la posibilidad de trabajar fuera. Necesitas inglés profesional. Yo llegué aquí con First y salí con Proficiency. He vivido la transición y vengo a decirte que puedes hacerlo. No es tanto una cuestión de estudiar mucho sino de posicionarte en el entorno correcto.

Empecé tarde con el inglés. Mis compañeros tenían mejor base. Pero nunca estuve acomplejado. Esta, creo, fue la clave. ¿Acomplejado de qué? ¿De entrar en la UPF sin pasar por un colegio internacional? Sigo orgulloso de mi ROI. Hablaba con errores gramaticales. Pero hablaba. Y me entendían. Esto es todo lo que necesitas en esta fase. Equivócate ahora que el coste es bajo. Decidí hacer el intercambio en Estados Unidos, sin pararme a pensar que el idioma podría ser una barrera. Ser un inconsciente tiene su parte buena. Una vez allí te espabilas y progresas.

¿Qué estrategia recomiendo? Exposición máxima. Profesores nativos, amigos extranjeros y series en versión original. Y leer mucho (¡instala en Chrome la extensión Google Dictionary!). Yo tenía dos hobbies: la economía y la NFL. Tuve suerte, los mejores contenidos no estaban traducidos.

Y un consejo con upside: hazte mentor de estudiantes internacionales. Suele venir gente top. El potencial es enorme. A nivel personal, experiencias. A nivel profesional, ofertas de trabajo. El mejor networking es a los 18. Gran parte del éxito consiste en identificar las oportunidades.

 

7. Intercambio + Prácticas 🧳

 

Si entendemos la universidad como experiencia vital no puede faltar en ella el intercambio. Obligatorio. Estudiar fuera, conviviendo con gente extraña. Señaliza muchas cosas: todas positivas. Escoge según el prestigio de la universidad. Yo fui a Richmond, Virginia. Sin beca Erasmus pero ahorrándome la matrícula de 28.000 dólares. Me hubiera gustado cursar otro semestre en el extranjero, en Asia (shock cultural) o Europa (universidades centenarias). Consejo atípico que te permitirá crecer y diferenciarte: si puedes permitírtelo realiza dos intercambios.

 

Y no te olvides de las prácticas. Llegar a cuarto sin experiencia laboral es problemático a ojos del empresario. No lo olvides, estás aquí para encontrar tu primer trabajo. Las prácticas pueden darte información (destapar preferencias) y conocimiento práctico. Busca jefes exigentes. No te preocupes, de momento, por reputación y salario. ¿No sabes por dónde empezar? Pruébalo todo. Startup y corporate. Sin compromiso. El coste de experimentar nunca será tan bajo.

 

Cierre

 

Eres un afortunado, la Pompeu es única. ¿Lo sabes, verdad? Llegar no ha sido fácil. No quiero quitarte mérito pero recuerda la suerte que has tenido, de crecer en un entorno privilegiado—y no hablo de dinero. Sé consciente de ello. Agradece a tus padres la oportunidad y agradece a la sociedad, los ciudadanos que pagan sus impuestos, la inversión que en ti están realizando.

 

Si hubieras decidido estudiar en otra universidad—de la que no diré el nombre, solo que tiene el campus en Sant Cugat—este discurso habría sido distinto. En ESADE (!) te venden la idea que eres élite, que tienes el futuro del país en tus manos. Entiendo por qué lo dicen (creértelo es el primero paso) pero, en mi opinión, este es un muy mal consejo para un joven de 18 años. Prefiero cerrar mi discurso diciéndote todo lo contrario: no eres nadie, no has solucionado (¡todavía!) problemas, no has ganado dinero en el mercado. Con cariño lo digo, pero solo sabes memorizar exámenes. También quiero decirte que has escogido bien, que estás en el sitio perfecto para desarrollar tu talento. Y que si trabajas con humildad y perseverancia quizá un día cambies algo.

 

Bienvenido a la Pompeu Fabra.